La vida me dio una sobrina llamada Valentina...
Valen era muy compañera, conversadora, alegre, inquieta… ¡Y sobre todo, muy cariñosa!
Para despedirse de alguien, siempre tenía un beso y un abrazo para dar.
Le gustaba cantar, bailar, patinar, nadar, pintar, disfrazarse... jugar todo el día.
Valen era pura energía, puro amor.
Un día… Valen falleció.
Amor... Recuerdos... Dolor... Mucho dolor...
Conocí a Carla, y ella me ayudó a tomar todo lo que sentía y aceptar vivir con Valen desde ese lugar.
A aceptar su vida, y el poco tiempo que vivió.
El amor puro e incondicional que te puede entregar un niño nunca se va del corazón.
Ese amor, nunca muere.
No hay día que no la recuerde…
Como dije aquella tarde:
"Tata... Mi princesa para siempre."
La tía Noé.